...es pensar que mañana puedo despertarme y preguntarme qué tengo ganas de hacer...
...y hacerlo.
jueves, 26 de julio de 2012
martes, 24 de julio de 2012
Arqueología 2050
Fragmentos del cuaderno de notas de un historiador del futuro.
HOY: El cassette
<<Esta es una captura bidimensional de un cassette, dispositivo que se insertaba en un aparato y permitía reproducir cosas. Cosas que estaban grabadas sobre una cinta (puede observarse el rollo de cinta en el centro del dispositivo.
Había dos tipos: los que ya tenían contenido (en general música, pero podían ser las grabaciones más diversas) y los llamados "vírgenes" que estaban en blanco, listos para grabar lo que uno quisiera grabar. ¿Cuál era la diferencia entre ambos, además del contenido? Unos estaban bloqueados y los otros no. Un cassette, digamos, de música rock -sí, en esos tiempos ya existía el rock- emitido por la industria -la industria era fuerte en esos tiempos- estaba bloqueado; esto significa que no se podía grabar algo nuevo sobre la grabación anterior. Un cassette virgen, en cambio, podía ser grabado y re-grabado infinitas veces, salvo que se lo bloqueara, proceso que requería la extracción de una especie de cuadraditos que se encontraban en la parte superior. Una vez extraídos dichos cuadraditos (operación que pretendía ser irreversible), la cinta no podía re-grabarse.
Cuatro cassettes; el primero (de abajo hacia arriba) protegido; los demás, aún re-grabables
Sin embargo, todos sabemos que los ardides de los consumidores corroen el sistema a su manera. En el pasado era igual. Y siempre se encuentran maneras de escapar a las normativas institucionales. No hay razón para creer que en el pasado esto funcionara de otra manera. Prueba de eso es la estrategia que inventaron dichos consumidores para convertir un cassette protegido en re-grabable nuevamente. ¿En qué consistía esta estrategia? En colocar pedazos de cinta adhesiva sobre los huecos, cinta que hacía las veces de los cuadraditos extraídos (se entiende que es mucha información en pocas dimensiones, pero no tenemos registro más amplio de la época; puede revisar la imagen anterior para mayor comprensión). Así, el adolescente podía grabar su canción preferida de la radio* -esa que aún no había salido a la venta- sobre un concierto de canciones de cuna, o el que no tenía plata para comprar la nueva obra de su artista favorito podía grabarla de alguien que ya la tuviera. Podemos encontrar en estas prácticas el origen de la piratería.
*En otro volumen se hará una investigación exhaustiva con posterior explicación del dispositivo radio>>
"Aunque me fuercen, yo nunca voy a decir que todo tiempo, por pasado, fue mejor" (Spinetta)
"Los jóvenes de hoy en día ya no distinguen el mal del bien" (Les Luthiers)
miércoles, 11 de julio de 2012
Un par de tijeras opacas bajo una luz amarilla
You are my sweetest
downfall,
I loved you first,
I loved you first.
Beneath the sheets of
paper lies my truth…
Regina Spektor -
Samson
La historia no puede comprender a todos. A
algunos les toca de inmediato. A otros, pasado un siglo. A otros nunca los va a
comprender nadie.
Siempre va a ser así; siempre habrá en la
historia vencedores y derrotados, próceres y villanos e incomprendidos eternos.
Tal vez porque comprender sea relativo. Tal vez
porque no haga falta que el mundo nos comprenda. Tal vez porque nunca nadie nos
pueda terminar de comprender del todo (o sí, pero nadie de este mundo).
Está en el alma del artista ahondar en las
vidas y pensar en potencialidades y, tal vez porque sea parte de su esencia, de
su sentido o de su condena no ser entendido por completo, pueda llegar más
profundo en las almas de los condenados por la historia.
La historia de Sansón y Dalila es, a los ojos
de la tradición, una de engaños y seducción y pseudo-amor y traiciones. Una
mujer –terrible poder el de la mujer en otras épocas para tentar y corromper-
enamora al hombre más fuerte del mundo y descubre el secreto de su fuerza –su
pelo- para eliminarlo y entregarlo a los enemigos.
Esa fue la razón por la que Dalila cortó el
pelo de su amado. Según la historia.
Pero, de pronto, una música arroja una luz
diferente. Cuenta una historia de amor. De caídas elegidas (¿son caídas cuando
te hacen feliz?) y de acuerdos en común para eliminar las fuerzas sobrehumanas.
Tal vez porque al amor le haga bien la vulnerabilidad de las personas.
Tal vez porque sea más heroico asumir la propia
humanidad que desvivirse por proteger lo que nos aleja de lo humano y nos hace
superiores.
Quién sabe.
Tal vez los condenados por la historia sean,
simplemente, humanos que nadan en su propio barro.
He told me I had done
alright
And kissed me ‘til the
morning light.
lunes, 7 de mayo de 2012
Barro II
La vieja barre la vereda y los que pasan se ríen porque lo único que no es de tierra en ese lugar es esa vereda que, más que una vereda, es una serie de baldosas semi-pegadas. Y está rodeada de tierra que ahora, como no llueve, está seca, pero, si no, es puro barro, de principio a fin, salvo esa islita de baldosas. Y la vieja se empeña en barrerlas, como si en cinco minutos no fueran a estar tan sucias como ahora.
Paso por al lado y pienso qué empeñados estamos en sacar el barro de todos los rincones de nuestras vidas. Nos ponemos botas de lluvia para no embarrarnos las zapatillas y los pies y barremos y retamos a los chiquitos cuando saltan fuerte en un charco para ver cómo vuela el agua para todos lados y decimos que alguien "la embarra" cuando arruina algo o se hunde a sí mismo. Nos esforzamos por ser limpios, intachables, por espantar a las moscas, por poner foquitos de luz en los lugares donde no entra el sol y pasar el plumero por los muebles cuando están llenos de tierra y lavar las remeras para que queden blancas y que los demás nos vean y nos pongan en un pedestal porque tenemos una conducta perfecta, brillante, como las cadenitas de metal que nos colgamos en el cuello o los anillos que nos ponemos en los dedos.
Si no se puede sacar el barro, se mete bajo la alfombra, o se patea al menos para otro lado, se patea lejos.
Sacudimos la tierra de nuestros anteojos para poder mirar mejor a los demás y detectar qué esperan de nosotros y así poder cumplir y agradar a todos y que después nos vean y exclamen entre sí lo limpios que somos, lo relucientes.
Y, de golpe, un día, sin querer o tal vez queriendo pero sin saberlo, pisamos un charquito y creemos que no es nada, pero nuestro pie empieza a hundirse y eso más que barro parece arena movediza, y de golpe, todo nuestro cuerpo se embarra y los que pasan por al lado nuestro se horrorizan.
¡Barro! ¡Barro! ¡Más barro!
Dicen que, cuando Dios creó al hombre, lo hizo de barro y sopló sobre él para darle vida.
Entonces no entiendo por qué nos miramos raro, nos horrorizamos y nos hacemos los desentendidos y nos desilusionamos cuando encontramos nuestro barro o el barro de otro. Si estamos hechos de eso... Es una pregunta.
Al menos hoy, al menos yo, en el barro encuentro ese soplo, encuentro luz y, sobre todo, verdad. Mucha verdad, mi verdad más honda. Y dicen que la verdad es lo que nos hace libres.
domingo, 8 de abril de 2012
Vértigo II
Pensándolo bien.
Porque a veces tengo respuestas un poco retardadas.
Está bueno pelearse un poco con uno mismo.
O no.
No me saques el vértigo.
Ayudame a vivir con el vértigo.
Sí. Eso.
Una vida llena de vértigo, de buen vértigo, no está nada mal.
Pero que no me pese.
Eso.
Porque al fin y al cabo la vida es eso.
Puro, puro vértigo.
Que podamos convivir.
El vértigo y yo.
Y la montaña.
Laguna Jakob, Bariloche
viernes, 6 de abril de 2012
Vértigo
Las montañas son difíciles de sacar. Qué difíciles, imposibles. Estuvieron ahí por millones de años y, si la geografía no se equivoca, les quedan al menos unos miles de años más y lo más probable es que mañana cuando me despierte sigan estando. Eso les expliqué el otro día a mis alumnos: los cambios en la tierra son lentos, tienen otros tiempos, no es que yo mañana me despierto y ¡oh! descubro una montaña. Algunos chicos se rieron cuando hice el gesto de ¡oh!.
Además para qué querés sacar una montaña. No hay nada más lindo que un sendero entre los árboles, no hay nada más impactante que la vista desde una cima. Obvio que cansa escalarla, en un punto te duelen los músculos y siempre está el riesgo de caer. No son simples las subidas a las montañas y menos, menos, las caídas.
Pero siempre arriba o al otro lado, si se trata de cruzar, te espera algo que te deja sin aire.
El problema es que muchas veces el hecho simple de ver la montaña te causa vértigo.
Por eso no pido que me saques la montaña. Porque no se puede. Y, aunque se pudiera, no sé si querría. Qué se yo. Perder todo lo que ella trae sólo para aliviar ese mareo, ese miedo a caer, esa sensación de malestar en la altura... No. Si estás, dondequiera que estés y quienquiera que seas, no te pido que me saques la montaña. Te pido que me ayudes a sacarme este vértigo.
Vamos a darle crédito a quien me inspiró a escribir hoy:
(Por Liniers)
jueves, 5 de abril de 2012
Cantar
Por cantar. A los gritos. Tu canción preferida. En medio de la 9 de Julio.
Nadie va a quejarse de tu voz; los ruidos de la calle son el refugio perfecto.
Y, por un microsegundo, vas a sentir que tenés alas.
jueves, 29 de marzo de 2012
Una y otra y otra
Capaz era para que alguien las tomara y las hiciera suyas. O para escaparse del mundo por un rato. Capaz era para vivir vidas que no le correspondían. O para divertirse. O para soltar cosas que de otra manera no soltaba.
Qué se yo.
Ella tejía historias.
viernes, 9 de marzo de 2012
Más Brunildito inédito
Otra reflexión del cajón de Brunildito. Más vieja aún. Te las tenías guardadas, eh...
Sospecha
Al principio, creo que es una mosca. Intento espantarla, pero no se mueve. Parece una burbuja en mi oído. Es una sospecha que crece y crece a medida que pasan los segundos. No es una certeza. Sé muy bien que las certezas no flotan cerca del oído, sino que descansan en el pecho. Esto es, de acá a la China, una sospecha que se agranda de manera ininterrumpida.
Las sospechas piden distintas cosas. Te pueden pedir más agua de un pozo del que no podés sacar nada más. Te pueden pedir que muevas las piezas del juego en una dirección que no está permitida. Te pueden pedir que reviertas una ley de la naturaleza (cuando alguien lo haga, por favor que me avise; no conozco a nadie que lo haya logrado).
A mí, la burbuja me pide que salte. Pero no estoy seguro de que sea una buena idea.
Menos mal que al final la escuchaste. No te podías hacer el sordo para siempre.
Y no podías soportar por tanto tiempo que la maldita te perforara el oído.
miércoles, 7 de marzo de 2012
Brunildito inédito
Encontré por ahí un par de reflexiones viejas de Brunildito con toda esta historia de la pared. Me dio permiso para publicarlas. Pero no todas juntas, dijo.
Tal vez, una puerta
Antes miraba hacia arriba y veía cientos de nubes grises. Con el tiempo, me fui dando cuenta de que, en realidad, aquello no eran nubes, sino escalones. Claro: el cemento los hacía grises y el hecho de estar arriba hacía que parecieran nubes. Pero, entre todos, conformaron una escalera que me fue llevando a donde hoy estoy parado. Y es un buen lugar. Bastante bueno. Algunas cosas que en pasado pesaban o dolían me llevaron a ser como soy hoy. Valieron la pena, no eran nubarrones como creía.
¿Puede ser que con muchos de mis problemas de hoy pase lo mismo?
¿Puede ser que lo que hoy veo como una pared sea, en realidad, una puerta? Una puerta al país de las maravillas... que siempre estuvo abierta para mí... pero nunca me di cuenta.
Me da escalofríos pensar. Que el país de las maravillas puede estar al alcance de mi mano.
lunes, 5 de marzo de 2012
De más allá IX: Cosas que te pueden pasar en un aeropuerto
Los hechos y/o personajes del siguiente fragmento pertenecen a la realidad. Cualquier semejanza con la ficción es pura coincidencia.
Madrid. 16 de diciembre, tres de la tarde. A las cinco sale tu avión a Buenos Aires con escala en New York. Todo tan top. Llegás al mostrador de... vamos a llamarla "Aerolínea X" para no desacreditar a nadie. Entregás tu pasaporte, todo muy normal y corriente, te dan la tarjeta de embarque, sólo una, te dicen que en la escala tenés que pedir la otra, la del segundo vuelo, porque Aerolínea X tiene un convenio con Aerolínea Y. Le recordás a la mujer del mostrador que tenés sólo tres horas de escala durante las cuales tenés que hacer migraciones más ahora el trámite de la tarjeta de embarque más volver a despachar la valija más las típicas corridas de último momento, y la mujer te tranquiliza: no va a haber ningún problema. Subís entonces al avión y descansás después de una maratón de tres días con aproximadamente cinco horas de sueño en total.
Como es costumbre en Aerolínea X, llegás a New York una hora más tarde de lo previsto y ves en la pantalla que tu próximo vuelo a Buenos Aires se adelantó una hora. Genial, pensás, tres menos dos uno: tenés sólo una hora para hacer migraciones, el trámite de la maldita tarjeta de embarque que no te dieron en Madrid y las habituales corridas, bla. Hablás con un asistente de tu pequeño problema de tiempo y, de manera muy amable, te hace pasar de inmediato a la cabinita de migraciones. Mostrás, como corresponde, tu pasaporte y tu visa, tenés cartas, seguro médico, todo en orden por si acaso. Muy tranquilo, el tipo de la cabinita te dice que vas a tener que esperar un poco... un problemita con tu nombre. Oh no, pensás, esta historia ya la conozco.
Te acompañan a un sector del aeropuerto que tiene un cartel que dice "Detention of people, objects..." y algunas cosas más que no vienen al caso. Es como una sala de espera, todas sillas en fila, todo en colores grises. Frente a las sillas, un mostrador. Te dicen que te sientes, ya te van a llamar. La sala no está muy concurrida: sólo vos y un tipo con pinta de hindú maltratado. Te sentás. El policía en el mostrador te mira. Está serio, pero por sus ojos parece que se riera. Estás impaciente, mirás el reloj, podrías asustarte un poco por el lugar en el que estás, pero más te asusta perder el vuelo y quedarte varada en el JFK en época de fiestas. Casi, casi como La Terminal.
Al fin te llama el tipo, no sabés si te está burlando o si habla en serio. Te dice que hay un tema con tu nombre, sí, ya lo sabés, ya te lo dijeron, te pregunta si es la primera vez que te pasa y le decís que no, que ya tuviste problemas cuando tenías quince -¡quince!-, pero que creías que ya se había solucionado. No, te dice el tipo, parece que no se solucionó, hay una persona con tu nombre en la no-fly list que es una lista de personas de interés para el gobierno de este país. Le decís que no sos vos, que tenés un nombre muy común y que si no existe una forma de marcar que no sos para que esto no vuelva a pasarte. Después de un rato te dice que por ahora está solucionado, pero no te promete nada para próximos vuelos. Terminás casi mejor amiga del policía y te despedís de él corriendo. Porque te queda máximo media hora y tu avión, más vale, sale desde la terminal de al lado.
Atravesás el aeropuerto, volvés a despachar tu valija y llegás al mostrador de Aerolínea Y. Le explicás a a mujer el lío de la tarjeta de embarque y te pide tu pasaporte. Tarda mucho en la computadora. Como en la escena del aeropuerto en La Familia de mi Novia; tipea, tipea, no te dice nada. Le preguntás si hay algún problema -por favor, otro no- y te responde que sí. Que no figura tu nombre. Ya perdiendo un poco la compostura le decís que no puede ser, que se fije bien. Tipea, tipea, tipea. Aparece como que tenés el check-in hecho. El vuelo está cerrado. No puede darte la tarjeta de embarque y no podés subirte a ese avión.
Vuelo cerrado. Vuelo cerrado. Vuelo cerrado.
Por favor, señora, suplicás, todo en inglés, por supuesto, porque no vayas a pedirles a esos tipitos que hablen en castellano. Por favor, ya tuve muchos problemas por errores que no tienen que ver conmigo.
Sí, nena, pero no se trata de por favor. El vuelo ya está cerrado.
¡Necesito volver a Buenos Aires! ¡Tengo un casamiento!
Tranquila...
¡NO! ¡NO ME TRANQUILIZO NADA! ¡DEME MI TARJETA DE EMBARQUE!
Al final la mujer se apiada de vos o no te soporta más, te entrega una tarjeta de embarque y te dice que corras. Corrés con una velocidad inédita para vos. En el camino, por supuesto, no todo iba a ser tan fácil: se te rompe una de las tiras de la cartera, se te cae el tapado. Llegás a la puerta de embarque a punto de tener un paro cardíaco y leés en la pantallita lo peor que podés leer en una puerta de embarque: BOARDING CLOSED. Eso nomás. La puerta por la que se va al avión está cerrada. No pensás, porque si hubieras pensado claramente no habrías hecho lo que estás haciendo. Porque estás abriendo la puerta. Enseguida empieza a sonar una alarma que se escucha por todo el aeropuerto. Llega un guardia: ¿qué hace acá, señorita? Hay básicamente dos opciones de desenlace: o te detienen, ahora sí por propio mérito, o te dejan subir. Con la respiración entrecortada, le decís lo primero que te sale (no entendés cómo podés seguir hablando inglés en ese nivel de excitación): TENGO-QUE-SUBIRME-A-ESE-AVIÓN-¡AHORA! El guardia te dice que esperes y corre al avión. La alarma sigue sonando y enseguida llega otro. La misma historia, le explicás que hay un tipo... que fue a hablar... porque tenés... que subir... Te mira desconcertado. Vuelve el primero. ¡Ya! ¡Corré! Subís al avión y te das cuenta de la cara desastrosa que tenés por cómo te miran los pasajeros. Te sentás al lado de un viejito divino, de Lobos. Llorás en silencio.
Ya está. Ahora podés dormir tranquila. Que tu familia no sepa nada de vos, cuándo llegás, a qué hora, en qué aerolínea, es lo de menos. Al menos vas a llegar a Argentina. Si el avión no se cae en el camino -lo que ya no te importa demasiado.
Llegás a Ezeiza a la mañana siguiente. Mandás un mensaje de texto desde el avión (niños, no intenten esto en sus casas) apenas tenés señal, para avisar que estás bien y que estás aterrizando. Por suerte, tu familia es previsora y está ahí esperándote hace rato. Bajás del avión, vas a la parte donde se reciben las valijas. Ves cómo la cinta gira una, dos, trece veces y no aparece tu valija. Esperás un poco y como aún no hay señal, te acercás a un tipo que está por ahí y tiene pinta de saber. Le preguntás si ya se terminó la tanda de valijas. Te responde que sí. Respirás hondo, ya no tenés fuerza para preocuparte. ¿Dónde se hace el reclamo? Te encontrás con otra mujer en otro mostrador y ya no tenés esperanza de que te ayude. Tipea, tipea, lo de siempre. Tu valija se quedó en Nueva York.
Sí. Era de esperar.
Cruzás la parte de migraciones; toda tu familia te espera al otro lado, están emocionadísimos. Hace dos meses que no te ven, dos meses que implicaron una de las experiencias más lindas de tu vida. Llegás, le das un abrazo a tu mamá y te ponés a llorar.
Qué linda la nena. Qué bien la pasó en Europa.
Te acompañan a un sector del aeropuerto que tiene un cartel que dice "Detention of people, objects..." y algunas cosas más que no vienen al caso. Es como una sala de espera, todas sillas en fila, todo en colores grises. Frente a las sillas, un mostrador. Te dicen que te sientes, ya te van a llamar. La sala no está muy concurrida: sólo vos y un tipo con pinta de hindú maltratado. Te sentás. El policía en el mostrador te mira. Está serio, pero por sus ojos parece que se riera. Estás impaciente, mirás el reloj, podrías asustarte un poco por el lugar en el que estás, pero más te asusta perder el vuelo y quedarte varada en el JFK en época de fiestas. Casi, casi como La Terminal.
Al fin te llama el tipo, no sabés si te está burlando o si habla en serio. Te dice que hay un tema con tu nombre, sí, ya lo sabés, ya te lo dijeron, te pregunta si es la primera vez que te pasa y le decís que no, que ya tuviste problemas cuando tenías quince -¡quince!-, pero que creías que ya se había solucionado. No, te dice el tipo, parece que no se solucionó, hay una persona con tu nombre en la no-fly list que es una lista de personas de interés para el gobierno de este país. Le decís que no sos vos, que tenés un nombre muy común y que si no existe una forma de marcar que no sos para que esto no vuelva a pasarte. Después de un rato te dice que por ahora está solucionado, pero no te promete nada para próximos vuelos. Terminás casi mejor amiga del policía y te despedís de él corriendo. Porque te queda máximo media hora y tu avión, más vale, sale desde la terminal de al lado.
Atravesás el aeropuerto, volvés a despachar tu valija y llegás al mostrador de Aerolínea Y. Le explicás a a mujer el lío de la tarjeta de embarque y te pide tu pasaporte. Tarda mucho en la computadora. Como en la escena del aeropuerto en La Familia de mi Novia; tipea, tipea, no te dice nada. Le preguntás si hay algún problema -por favor, otro no- y te responde que sí. Que no figura tu nombre. Ya perdiendo un poco la compostura le decís que no puede ser, que se fije bien. Tipea, tipea, tipea. Aparece como que tenés el check-in hecho. El vuelo está cerrado. No puede darte la tarjeta de embarque y no podés subirte a ese avión.
Vuelo cerrado. Vuelo cerrado. Vuelo cerrado.
Por favor, señora, suplicás, todo en inglés, por supuesto, porque no vayas a pedirles a esos tipitos que hablen en castellano. Por favor, ya tuve muchos problemas por errores que no tienen que ver conmigo.
Sí, nena, pero no se trata de por favor. El vuelo ya está cerrado.
¡Necesito volver a Buenos Aires! ¡Tengo un casamiento!
Tranquila...
¡NO! ¡NO ME TRANQUILIZO NADA! ¡DEME MI TARJETA DE EMBARQUE!
Al final la mujer se apiada de vos o no te soporta más, te entrega una tarjeta de embarque y te dice que corras. Corrés con una velocidad inédita para vos. En el camino, por supuesto, no todo iba a ser tan fácil: se te rompe una de las tiras de la cartera, se te cae el tapado. Llegás a la puerta de embarque a punto de tener un paro cardíaco y leés en la pantallita lo peor que podés leer en una puerta de embarque: BOARDING CLOSED. Eso nomás. La puerta por la que se va al avión está cerrada. No pensás, porque si hubieras pensado claramente no habrías hecho lo que estás haciendo. Porque estás abriendo la puerta. Enseguida empieza a sonar una alarma que se escucha por todo el aeropuerto. Llega un guardia: ¿qué hace acá, señorita? Hay básicamente dos opciones de desenlace: o te detienen, ahora sí por propio mérito, o te dejan subir. Con la respiración entrecortada, le decís lo primero que te sale (no entendés cómo podés seguir hablando inglés en ese nivel de excitación): TENGO-QUE-SUBIRME-A-ESE-AVIÓN-¡AHORA! El guardia te dice que esperes y corre al avión. La alarma sigue sonando y enseguida llega otro. La misma historia, le explicás que hay un tipo... que fue a hablar... porque tenés... que subir... Te mira desconcertado. Vuelve el primero. ¡Ya! ¡Corré! Subís al avión y te das cuenta de la cara desastrosa que tenés por cómo te miran los pasajeros. Te sentás al lado de un viejito divino, de Lobos. Llorás en silencio.
Ya está. Ahora podés dormir tranquila. Que tu familia no sepa nada de vos, cuándo llegás, a qué hora, en qué aerolínea, es lo de menos. Al menos vas a llegar a Argentina. Si el avión no se cae en el camino -lo que ya no te importa demasiado.
Llegás a Ezeiza a la mañana siguiente. Mandás un mensaje de texto desde el avión (niños, no intenten esto en sus casas) apenas tenés señal, para avisar que estás bien y que estás aterrizando. Por suerte, tu familia es previsora y está ahí esperándote hace rato. Bajás del avión, vas a la parte donde se reciben las valijas. Ves cómo la cinta gira una, dos, trece veces y no aparece tu valija. Esperás un poco y como aún no hay señal, te acercás a un tipo que está por ahí y tiene pinta de saber. Le preguntás si ya se terminó la tanda de valijas. Te responde que sí. Respirás hondo, ya no tenés fuerza para preocuparte. ¿Dónde se hace el reclamo? Te encontrás con otra mujer en otro mostrador y ya no tenés esperanza de que te ayude. Tipea, tipea, lo de siempre. Tu valija se quedó en Nueva York.
Sí. Era de esperar.
Cruzás la parte de migraciones; toda tu familia te espera al otro lado, están emocionadísimos. Hace dos meses que no te ven, dos meses que implicaron una de las experiencias más lindas de tu vida. Llegás, le das un abrazo a tu mamá y te ponés a llorar.
Qué linda la nena. Qué bien la pasó en Europa.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Las maravillosas aventuras de la Mano Invisible de Smith
sábado, 11 de febrero de 2012
viernes, 10 de febrero de 2012
Love triangle
El siguiente diálogo de una pareja en un banco de plaza pertenece a la ficción… Cualquier semejanza con la realidad puede no ser una mera coincidencia.
-En dos años podríamos viajar, ¿no?, a París, o algún lugar así.
-Sí, estaría bueno…
-Bah, si para ese momento no estás casado con una rubia y tenés cinco hijitos alemanes correteando por ahí.
-Que me ayude a elevar la raza…
-Y que sea más práctica y más ordenada…
-No, eso sería aburrido.
-Y menos chueca.
-Mhm, empieza a gustarme. Y con menos frizz.
-Y con los dientes derechitos.
-Ya está, creo que me estoy enamorando.
-Es un buen partido el que te estoy ofreciendo…
-Mhm, parece competencia. Hay que eliminarla.
-Sería muy paranoica.
-Dejá de ofrecerme esas cosas, porque un día puede interesarme la oferta y sanseacabó, no me ves más.
-Esto está empezando a sonar serio, así que mejor dejo de delirar. Aunque no existe ella. La creé yo.
-Pero es mía.
-Es una hipóte… ¡¿qué?! ¡¿Ahora es tuya?!
-Es que le caí muy bien y bueno… pasó.
-…
-Al principio intenté resistir, pero una cosa llevó a la otra…
-Ya está, voy a buscar el cuchillo.
-¡No! ¡No le hagas nada!
-Y a cada uno de tus cinco alemancitos en la licuadora los voy a meter.
-¡Asesina!
-La voy a internar en la selva tropical a ver si aguanta su pelo sin frizz.
-Aguanta, se hizo la permanente…
-No me importa, a nadie le aguanta la permanente en la selva tropical… ¡Y con pirañas! ¡Qué divertido va a ser!
-No vas a lograrlo. Me voy a poner en el medio, como un escudo.
-Le voy a torcer los dientes con una pinza… voy a llenar el piso de brasas para que no le quede otra que andar chueca…
-¡No voy a permitir que te interpongas entre Norma y yo!
-Ah, perfecto, ¿ahora se llama Norma?
-Sí, y vamos a casarnos. Y vamos a irnos de luna de miel a París.
-A Norma no le gusta París. Le tiene fobia a la Torre Eiffel.
-¿Ah, sí?
-Sí, y dice que Montmartre es su barrio menos preferido de todo el mundo. Prefiere Mar de Ajó antes que Montmartre.
-¡¿De verdad?!
-Sí, y para ser una hipótesis, Norma tiene una voz bastante chillona. Es histérica, tan histérica… Y su hobbie preferido es hacer papel picado con tiras de fílmico. Es tan típico de las hipótesis…
-¡¡¿En serio?!! No puedo creer cómo me traicionó. Norma, yo te quería…
-…
-Che, qué pelo divertido tenés. Me hace acordar a los personajes de Tim Burton.
-¿Eso es bueno?
-Muy bueno, además tenés un andar particular. Como sinuoso.
-Andá…
-En dos años podríamos viajar, ¿no?, a París, o algún lugar así.
-Sí, estaría bueno…
-Bah, si para ese momento no estás casado con una rubia y tenés cinco hijitos alemanes correteando por ahí.
-Que me ayude a elevar la raza…
-Y que sea más práctica y más ordenada…
-No, eso sería aburrido.
-Y menos chueca.
-Mhm, empieza a gustarme. Y con menos frizz.
-Y con los dientes derechitos.
-Ya está, creo que me estoy enamorando.
-Es un buen partido el que te estoy ofreciendo…
-Mhm, parece competencia. Hay que eliminarla.
-Sería muy paranoica.
-Dejá de ofrecerme esas cosas, porque un día puede interesarme la oferta y sanseacabó, no me ves más.
-Esto está empezando a sonar serio, así que mejor dejo de delirar. Aunque no existe ella. La creé yo.
-Pero es mía.
-Es una hipóte… ¡¿qué?! ¡¿Ahora es tuya?!
-Es que le caí muy bien y bueno… pasó.
-…
-Al principio intenté resistir, pero una cosa llevó a la otra…
-Ya está, voy a buscar el cuchillo.
-¡No! ¡No le hagas nada!
-Y a cada uno de tus cinco alemancitos en la licuadora los voy a meter.
-¡Asesina!
-La voy a internar en la selva tropical a ver si aguanta su pelo sin frizz.
-Aguanta, se hizo la permanente…
-No me importa, a nadie le aguanta la permanente en la selva tropical… ¡Y con pirañas! ¡Qué divertido va a ser!
-No vas a lograrlo. Me voy a poner en el medio, como un escudo.
-Le voy a torcer los dientes con una pinza… voy a llenar el piso de brasas para que no le quede otra que andar chueca…
-¡No voy a permitir que te interpongas entre Norma y yo!
-Ah, perfecto, ¿ahora se llama Norma?
-Sí, y vamos a casarnos. Y vamos a irnos de luna de miel a París.
-A Norma no le gusta París. Le tiene fobia a la Torre Eiffel.
-¿Ah, sí?
-Sí, y dice que Montmartre es su barrio menos preferido de todo el mundo. Prefiere Mar de Ajó antes que Montmartre.
-¡¿De verdad?!
-Sí, y para ser una hipótesis, Norma tiene una voz bastante chillona. Es histérica, tan histérica… Y su hobbie preferido es hacer papel picado con tiras de fílmico. Es tan típico de las hipótesis…
-¡¡¿En serio?!! No puedo creer cómo me traicionó. Norma, yo te quería…
-…
-Che, qué pelo divertido tenés. Me hace acordar a los personajes de Tim Burton.
-¿Eso es bueno?
-Muy bueno, además tenés un andar particular. Como sinuoso.
-Andá…
jueves, 9 de febrero de 2012
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