domingo, 21 de abril de 2013

Asociación libre


Busco una palabra al azar:


Tejas que no te protegen de la lluvia porque están agujereadas.
Tejas historias y él las desteja.
Tejados de tejas; si son de chapa, ¿cómo se llaman?
Tejas no me gusta; prefiero decirle Texas.

Y qué me importa si no me protegen de la lluvia; al fin y al cabo no sé si quiero que me protejan. Lo impermeable es decisión de vida y prefiero dejar pasar. Aún a riesgo de mojarme.

¡Si sabré yo de tener frío!
Mentira.
En realidad, no sé nada, y no es que quiera hacerme la que soy Sócrates. Pero no sé nada, cada vez que creo que sé algo, me enfrío de una nueva forma.

Es molesta el agua que pasa por las tejas.
Pero también por las tejas entra luz.
O dejás pasar a ambas o no dejás pasar a ninguna.

Todo sea por la luz.

Llevale esto a Freud y hace una fiesta.

Poema de amor a Xenón


viernes, 15 de marzo de 2013

Si tuviera que enseñar...

Si tuviera que enseñarle algo a algún hijo alguna vez, le enseñaría a preguntar y preguntarse.
Le diría que la curiosidad es un pasaporte para moverse y crecer en un mundo mucho menos hecho de certezas que de puertas abiertas de par en par.
Le enseñaría que las personas no se miden por la ropa o los zapatos o las palabras que usan.
Que somos mucho más que lo que hacemos, pero muchas veces lo que hacemos marca tendencias, y hay que estar atento a esas tendencias, para poder controlarlas.
Y, a la vez, que nuestra vida está tanto en nuestras manos como fuera de nuestro alcance.
Que tenemos que tomar las riendas de nuestras opciones y decisiones y hacernos cargo de sus consecuencias.
Al mismo tiempo, le enseñaría que la vida nos sacude todo el tiempo, que cada sacudón trae cosas nuevas, y si cerramos nuestro cuerpo, nuestra alma, nuestros ojos y nuestras manos a los temporales, nos entumecemos y nos perdemos de los regalos que nos ofrece la vida en el intento de aferrarnos a algo que ya no está... y nos quedamos sin nada.
Le enseñaría que es mucho más fácil condenar que ponerse en el lugar de las personas. Que cada persona es un mundo infinitamente complejo; que dedique más tiempo a descubrir cada mundo y menos a juzgarlo.
Le diría que cada aprendizaje es un escalón y la vida se trata más, creo, de subir, que de quedarse en los descansos de la escalera, creyendo que no hay nada más por saber.
Que su manera de pensar y de vivir no es la única ni la mejor, que conozca, que nunca deje de conocer.
Le diría que el arte, los libros y los viajes expanden el alma. Que la vida nos invita constantemente a expandir nuestra alma, que esté atento a cada invitación.
Le enseñaría a buscar a Dios, a buscar su centro, a cuestionar su esencia, a buscar la trascendencia.
A no tener miedo de encontrar algo distinto a lo que le ofrecen los modelos que lo rodean.
A buscar la plenitud.
A cuidar sus vínculos, que son nuestra única verdadera riqueza.
A nunca dar la espalda a las oportunidades de querer y ser querido.
Le enseñaría a cuidarse a sí mismo y a su cuerpo, a llorar cuando tenga ganas, a pedir cuando necesite.
Que nadie puede hacer feliz a nadie si no es él mismo feliz. Que el equilibrio en esto es lo más difícil: si nos miramos sólo a nosotros mismos, nos perdemos de la plenitud de la vida compartida y, a la vez, si postergamos nuestra felicidad, al apagarnos, no podemos iluminar nuestro entorno. Y la vida nos invita a ser luz. Le diría que tiene una luz única, que sólo él puede dar. Que la vida lo invita a encontrarse y hacer arder su luz, cada día más.
Le enseñaría a no quedarse en su zona de confort por demasiado tiempo.
A jugarse por lo que cree que está bien, a reconocer sus miedos, a no castigarse por ellos y, a la vez, a intentar superarlos y ser valiente.
Le enseñaría a pedir perdón por sus errores y, más importante aún, a perdonarse a sí mismo.
A cuidar de los de los que sufren. Pero nunca, nunca sentirse mejor que ellos, en ningún sentido.
Que cada persona que llega a nuestra vida tiene algo que enseñarnos y algo que aprender de nosotros.
Le diría que todos merecemos ser felices, nacimos para ser felices. Que no debería dejar que nadie, nunca, le haga creer que no tiene derecho a ser feliz. Y que él tampoco debería hacer creer esto a nadie, ni pensarlo de nadie.
Le enseñaría a valorarse como niño, a volar como niño, a nunca subestimar sus sentimientos ni sus sueños y, cuando sea adulto, a creer en los niños y a escucharlos mucho, mucho más de lo que el mundo los escucha.
Y le aclararía que tal vez estas enseñanzas cambien un día, porque, también yo, sigo creciendo y aprendiendo.

sábado, 5 de enero de 2013

Cosas que escuchás al pasar

(y no deberías haber escuchado)

"El amor no existe"
"No tenés a quién empastillar"
"¿Me gustás? Te como. Si sos un animal"
"Yo no como carne vacuna. No por piadoso, por colesterol. Pero digo que es por piadoso porque queda bien"
"¿Ya destruyeron la casa?"
"No es un mamerto en el sentido clásico de la mamertidad"

Un concierto para la cartera de la dama, el bolsillo del caballero. Sí, señor, señora, esta calle es un concierto. 

Si so-mós una familia muy normal,
si so-mós una familia muy normal. 

miércoles, 2 de enero de 2013

Balanceándome

Algunos años son como subibajas. Todos capaz. Pero algunos más que otros.

A medida que subía y bajaba, este año fui aprendiendo cosas. O tal vez sólo viéndolas. ¿Cuándo dice que aprende uno? ¿Cuando ve algo y ese algo se acerca a algo cierto, a algo mejor, entonces aprende? ¿O simplemente cuando ve algo nuevo? 

Al menos vi. Desde perspectivas diferentes: a veces desde lo alto, inflada, poderosa y con panoramas amplios; otras veces, mínima, con los tobillos hundidos en la tierra y las rodillas flexionadas.

¿Y qué había?

Manos abiertas que sonaban peligrosas. Porque, de una mano abierta, las cosas se pueden caer y, en su caída, pueden arrancar pedazos que nos pertenecen y llevárselos con ellas por la fuerza de gravedad. Y eso duele. Una mano abierta corre el riesgo de que lo que sostenía se vaya para otro lado. De que el destino que había planeado para lo que la rodea no se cumpla, y en su lugar venga otra cosa, y la mano abierta tiene que aprender a ser sabia y dejar que las cosas cumplan su propio destino y alegrarse por su plenitud. Una mano abierta suelta cosas constantemente. Vi manos abiertas que soltaban rótulos pesados. Y cuando los rótulos caen se vuelve más difícil orientarse. Pero las manos abiertas aplauden las caídas, porque a ellas no les parece un buen indicio que los rótulos permanezcan intactos por demasiado tiempo. Una mano abierta está más indefensa ante los ataques, está como desnuda, y todos pueden mirarla por entero y acomodarse alrededor de ella y opinar. Porque a la gente le encanta opinar y sacar conclusiones apresuradas, pero la mano abierta no deja de mostrarse, guste o no. Las manos abiertas no pueden esconder nada. Y la contracara obligatoria de no esconder es mostrar y no hay nada que salga a la luz que sea neutro. La neutralidad no se lleva bien con las manos abiertas. Las manos abiertas deciden, toman posturas, se sinceran, hablan en voz alta, y eso nunca es neutral y siempre lleva consecuencias. Manos que están abiertas a que las juzguen, las lastimen. Pero la única manera de que se acerque alguien y te tome la mano es si está abierta. Sólo una mano que está abierta puede recibir de la vida cosas nuevas, puede acariciar y ser acariciada. Las manos abiertas pueden hacer música y aplaudir. 

Había manos que se iban abriendo a medida que el subibaja se balanceaba, a veces por voluntad propia y otras veces un poco a la fuerza. Y, mientras se abrían, las manos se iban llenando de espinas, mostraban cicatrices, se curtían con el sol; pero también abrazaban nuevas cosas, protegían mejor de la tormenta, acariciaban y curaban. 

La vida se trata de un montón de cosas; entre ellas, de abrir las manos y saltar, asumiendo mil riesgos, sabiendo que lo que hay hoy puede no estar mañana y que cuanto más fuerte pises, cuanto más abras las manos, cuanto más extremo sea el salto, más riesgo hay de que te juzguen, te cuestionen y no te comprendan; como en la física, la misma intensidad de la fuerza de tu salto tendrán las fuerzas que, desde adentro tuyo y también desde afuera, te tiren para abajo, pero si hay algo que aprendí en este subibaja es que no hay nada más liberador que ser sincera conmigo misma y con los demás y, desde esa sinceridad, abrir las manos ante la vida y que mis manos abiertas dejen ir lo que tenga que irse, reciban lo que el tiempo me traiga y den, que den todo lo que puedan dar. 

miércoles, 3 de octubre de 2012

No te estás dejando tiempo para escribir

Seguí haciendo de cuenta que la vida te sobrepasa.
Como aquel perrito del que hablabas una vez.
Ese, el que lleva al dueño por la correa, en lugar de que el dueño lo lleve a él.
Sí, hay correas para niños ahora también, qué cosa extraña, pero no te desvíes del tema.
No te estás dejando tiempo para escribir.
Hay una parte tuya que está como muda.


Te digo que la correa es práctica. La del niño, digo. 

jueves, 13 de septiembre de 2012

Hoy, música

-Si pudieras darte cuenta
Que al fin y al cabo
No hay más vuelta que dejar en libertad a quien se quiere-

Pedro Aznar - Rencor



miércoles, 12 de septiembre de 2012

Inglish de langüich of lav

El inglés tiene más marketing, no hay con qué darle. Hasta eso, la palabra marketing. Imaginate si dijera mercadeo, mercadotecnia, mercadeando, como quien dice. No, el inglés tiene más swing. ¡Caigo de vuelta! ¿Ves lo que te digo? Por ejemplo, situate en un bar. Es noche de karaoke, se acerca un chico/chica al micrófono con su guitarrita y pensás qué loco, mirá, es noche de karaoke y se trae la guitarrita. Estás tomando un trago en la barra, que si hablaras en inglés dirías bar, sentado en lo que llamamos un taburete alto (ta-bu-re-te) pero en inglés es stool y se acerca al micrófono este chico o esta chica que dijimos, con la guitarrita que mencionamos, y dice:

-Esta canción es para (TU NOMBRE).

Sí, a vos. Te está dedicando una canción que, cantada por los Beatles, dice así:

Love, love me do, 
You know I love you, 
I’ll always be true, 
So pleeeeeease, 
Love me doooo, 
Oh, love me doooo. 

Te enamorás perdidamente del susodicho, pero no sucedería lo mismo si la canción fuera en castellano, no señor, porque lo que se oiría por los parlantes sería más bien esto:

Ama, amame, 
Sabés que que te amo, 
Siempre te voy a ser fiel, 
Así que por favouououor, 
Amameeeeeee, 
Oh, amameeeeee. 

Con todo mi respeto hacia los Beatles; quien me conoce sabe que no puedo hacer más que respetarlos y admirarlos. Pero menos mal que nacieron en Inglaterra y no en Argentina, porque por más beatle que sea, si ese chico o esa chica te canta amame, por favouououor amameeee, yo creo –y esta es mi humilde opinión, no quiero pecar de soberbia- que vos salís corriendo.

Es así amigos. Think about it.


NOTA AL PIE: Acepto traducciones de canciones que corroboren o contradigan mi hipótesis. 

martes, 11 de septiembre de 2012

Crecer

Me piden que no me mueva demasiado y que no hable fuerte. Que sea simpático y los haga reír. Me dicen que mis problemas no son nada, no son problemas de verdad, que espere a ser más grande. Que no llore. Quieren que sea cariñoso y que no me limpie los besos del cachete. Me piden que tenga personalidad. Me retan si digo rojo en lugar de colorado y si les discuto. Me piden que sea sociable y que haga deportes y que me llene de amigos. Pero con esos no. Con esos que no me junte, porque sus papás no les gustan nada. Me piden que aproveche mis talentos y que los potencie. Me retan cuando digo cosas que, a su juicio, son estupideces, o cuando me visto como no les gusta, o cuando les pido que me lleven al teatro, o cuando soy un poco más inquieto de lo que esperaban, o cuando toco la guitarra muy fuerte o cuando elijo leer un cuento en lugar de jugar al fútbol -o jugar al fútbol en lugar de leer un cuento-. Me dicen que haga la tarea. Se preocupan si soy demasiado correctito. Me dicen que me preocupe por cosas de mi edad y hablan de problemas de trabajo enfrente mío. Cada vez que tengo una prueba, insisten en que no aprenda de memoria, que entienda lo que digo. Cada vez que cuestiono un reto que no entiendo, "porque soy tu padre/madre/profesor/autoridad y punto" es la única respuesta que recibo. Les gusta si soy creativo. Me retan si me distraigo. Me piden que no moleste. Se enojan si veo demasiada tele o estoy mucho en la compu. Me piden que crezca. Pero, capaz porque todavía soy chico, no entiendo mucho de qué se trata esto de crecer.


lunes, 6 de agosto de 2012

Hibernar

Hacerse una bolita, cerrar los ojos y dormir. A ver si se encuentra a sí misma, a sí mismo. O al menos, si no, encuentra algo interesante.

Dejar de escribir un poco. Dejar el mundo por un rato. A veces hace falta hibernar.

Hasta la primavera.

jueves, 26 de julio de 2012

Qué lindo...

...es pensar que mañana puedo despertarme y preguntarme qué tengo ganas de hacer...

...y hacerlo. 





martes, 24 de julio de 2012

Arqueología 2050

Fragmentos del cuaderno de notas de un historiador del futuro. 

HOY:  El cassette

<<Esta es una captura bidimensional de un cassette, dispositivo que se insertaba en un aparato y permitía reproducir cosas. Cosas que estaban grabadas sobre una cinta (puede observarse el rollo de cinta en el centro del dispositivo. 



Había dos tipos: los que ya tenían contenido (en general música, pero podían ser las grabaciones más diversas) y los llamados "vírgenes" que estaban en blanco, listos para grabar lo que uno quisiera grabar. ¿Cuál era la diferencia entre ambos, además del contenido? Unos estaban bloqueados y los otros no. Un cassette, digamos, de música rock -sí, en esos tiempos ya existía el rock- emitido por la industria -la industria era fuerte en esos tiempos- estaba bloqueado; esto significa que no se podía grabar algo nuevo sobre la grabación anterior. Un cassette virgen, en cambio, podía ser grabado y re-grabado infinitas veces, salvo que se lo bloqueara, proceso que requería la extracción de una especie de cuadraditos que se encontraban en la parte superior. Una vez extraídos dichos cuadraditos (operación que pretendía ser irreversible), la cinta no podía re-grabarse. 

Cuatro cassettes; el primero (de abajo hacia arriba) protegido; los demás, aún re-grabables

Sin embargo, todos sabemos que los ardides de los consumidores corroen el sistema a su manera. En el pasado era igual. Y siempre se encuentran maneras de escapar a las normativas institucionales. No hay razón para creer que en el pasado esto funcionara de otra manera. Prueba de eso es la estrategia que inventaron dichos consumidores para convertir un cassette protegido en re-grabable nuevamente. ¿En qué consistía esta estrategia? En colocar pedazos de cinta adhesiva sobre los huecos, cinta que hacía las veces de los cuadraditos extraídos (se entiende que es mucha información en pocas dimensiones, pero no tenemos registro más amplio de la época; puede revisar la imagen anterior para mayor comprensión). Así, el adolescente podía grabar su canción preferida de la radio* -esa que aún no había salido a la venta- sobre un concierto de canciones de cuna, o el que no tenía plata para comprar la nueva obra de su artista favorito podía grabarla de alguien que ya la tuviera. Podemos encontrar en estas prácticas el origen de la piratería.

*En otro volumen se hará una investigación exhaustiva con posterior explicación del dispositivo radio>>

"Aunque me fuercen, yo nunca voy a decir que todo tiempo, por pasado, fue mejor" (Spinetta)

"Los jóvenes de hoy en día ya no distinguen el mal del bien" (Les Luthiers)

miércoles, 11 de julio de 2012

Un par de tijeras opacas bajo una luz amarilla


 You are my sweetest downfall,
I loved you first,
I loved you first.
Beneath the sheets of paper lies my truth…

Regina Spektor - Samson

La historia no puede comprender a todos. A algunos les toca de inmediato. A otros, pasado un siglo. A otros nunca los va a comprender nadie.

Siempre va a ser así; siempre habrá en la historia vencedores y derrotados, próceres y villanos e incomprendidos eternos.

Tal vez porque comprender sea relativo. Tal vez porque no haga falta que el mundo nos comprenda. Tal vez porque nunca nadie nos pueda terminar de comprender del todo (o sí, pero nadie de este mundo).

Está en el alma del artista ahondar en las vidas y pensar en potencialidades y, tal vez porque sea parte de su esencia, de su sentido o de su condena no ser entendido por completo, pueda llegar más profundo en las almas de los condenados por la historia.

La historia de Sansón y Dalila es, a los ojos de la tradición, una de engaños y seducción y pseudo-amor y traiciones. Una mujer –terrible poder el de la mujer en otras épocas para tentar y corromper- enamora al hombre más fuerte del mundo y descubre el secreto de su fuerza –su pelo- para eliminarlo y entregarlo a los enemigos.

Esa fue la razón por la que Dalila cortó el pelo de su amado. Según la historia.

Pero, de pronto, una música arroja una luz diferente. Cuenta una historia de amor. De caídas elegidas (¿son caídas cuando te hacen feliz?) y de acuerdos en común para eliminar las fuerzas sobrehumanas. Tal vez porque al amor le haga bien la vulnerabilidad de las personas.

Tal vez porque sea más heroico asumir la propia humanidad que desvivirse por proteger lo que nos aleja de lo humano y nos hace superiores.

Quién sabe.

Tal vez los condenados por la historia sean, simplemente, humanos que nadan en su propio barro.

He told me I had done alright
And kissed me ‘til the morning light.


lunes, 7 de mayo de 2012

Barro II

La vieja barre la vereda y los que pasan se ríen porque lo único que no es de tierra en ese lugar es esa vereda que, más que una vereda, es una serie de baldosas semi-pegadas. Y está rodeada de tierra que ahora, como no llueve, está seca, pero, si no, es puro barro, de principio a fin, salvo esa islita de baldosas. Y la vieja se empeña en barrerlas, como si en cinco minutos no fueran a estar tan sucias como ahora. 

Paso por al lado y pienso qué empeñados estamos en sacar el barro de todos los rincones de nuestras vidas. Nos ponemos botas de lluvia para no embarrarnos las zapatillas y los pies y barremos y retamos a los chiquitos cuando saltan fuerte en un charco para ver cómo vuela el agua para todos lados y decimos que alguien "la embarra" cuando arruina algo o se hunde a sí mismo. Nos esforzamos por ser limpios, intachables, por espantar a las moscas, por poner foquitos de luz en los lugares donde no entra el sol y pasar el plumero por los muebles cuando están llenos de tierra y lavar las remeras para que queden blancas y que los demás nos vean y nos pongan en un pedestal porque tenemos una conducta perfecta, brillante, como las cadenitas de metal que nos colgamos en el cuello o los anillos que nos ponemos en los dedos. 

Si no se puede sacar el barro, se mete bajo la alfombra, o se patea al menos para otro lado, se patea lejos.

Sacudimos la tierra de nuestros anteojos para poder mirar mejor a los demás y detectar qué esperan de nosotros y así poder cumplir y agradar a todos y que después nos vean y exclamen entre sí lo limpios que somos, lo relucientes.

Y, de golpe, un día, sin querer o tal vez queriendo pero sin saberlo, pisamos un charquito y creemos que no es nada, pero nuestro pie empieza a hundirse y eso más que barro parece arena movediza, y de golpe, todo nuestro cuerpo se embarra y los que pasan por al lado nuestro se horrorizan.

¡Barro! ¡Barro! ¡Más barro!




Dicen que, cuando Dios creó al hombre, lo hizo de barro y sopló sobre él para darle vida.

Entonces no entiendo por qué nos miramos raro, nos horrorizamos y nos hacemos los desentendidos y nos desilusionamos cuando encontramos nuestro barro o el barro de otro. Si estamos hechos de eso... Es una pregunta. 

Al menos hoy, al menos yo, en el barro encuentro ese soplo, encuentro luz y, sobre todo, verdad. Mucha verdad, mi verdad más honda. Y dicen que la verdad es lo que nos hace libres.