martes, 4 de octubre de 2011

¿Enseñar?

Hoy, un ranking de pequeñas satisfacciones que te pueden dar tus alumnos. 

Que te deseen suerte en el parcial. 

Que te saluden en el pasillo con un "Hi Miss! You are beautiful" (ya está, me fui a una nube, no se esfuercen por bajarme).

Que te pregunten absolutamente todo. 

Que te acusen de madre ausente cuando les decís que te vas de viaje por segunda vez en el año. 

Que te digan que leyeron el blog que armaron entre toda la clase... Y que está buenísimo. 

Que hagan notar que te olvidaste de rezar. 

Que te pidan terminar el libro antes de que te vayas. Sí, un mes antes si es necesario. Por favor, Miss, queremos leerlo más rápido, así lo charlamos con vos. 

Y, en el primer puesto, sin lugar a dudas, que empiecen a descubrir Harry Potter. Entrar en la clase y verlos leer primero el uno, después el dos, y a las dos semanas el cuatro. Ayudarlos a ordenar las páginas de Harry Potter y la cámara secreta que se salieron porque el libro es viejo, ¡tiene como diez años!, y seguro ya pasó por una decena de manos de gente de mi generación. Prestarles Harry Potter y el prisionero de Azkaban porque no lo pueden conseguir por ningún lado y decirles que, más vale, te lo pueden devolver cuando quieran. Si quieren en el 2012, cuando se termine el mundo. Contarles de cuando tenías diez años y leías el primer libro, en la parte en que Vernon y Petunia se llevaban a Harry a una cabaña en el medio del mar, y había una tormenta fuertísima dentro de la historia y afuera también, contarles cómo escuchabas el ruido de truenos y postigones que se golpeaban contra tu ventana y sentías que estabas ahí, dentro del libro, en esa misma cabaña, oyendo esa misma tormenta. 

Después de eso, podés pedir pocas cosas. 
Dentro de ellas, poder seguir dando clases toda la vida. 

lunes, 3 de octubre de 2011

Gracias por la observación

Hablábamos de una novela que había empezado a escribir. Tenía casi toda la historia ya pensada, pero me costaba el final. Me preguntaste por qué y te dije que me parecía difícil ponerle un final a una historia de amor. Un final feliz podía quedar muy rosa, muy simplificado. Pero ¿un final triste? ¿Hacer que dos personas, después de buscarse y buscarse, no terminaran juntas? La cuestión pasaba por el concepto. Un final implicaba, sí o sí, la tristeza de algo que se terminaba. El final feliz era, en realidad, un no-final.

Me dijiste gracias por la observación.

Hoy te digo gracias por la experiencia. 

domingo, 2 de octubre de 2011

Progresistas

Los de Sociales somos gente progresista. Abierta. Cuestionadora del sistema. Por eso, si sos alumno de esta facultad, como mínimo vas a estar familiarizado con la lucha por la despenalización del aborto. Tenemos el puesto de libritos informativos en la entrada, tenemos el teléfono de emergencia pegado sobre las puertas de los baños y tenemos los carteles. Los gloriosos carteles con frases célebres como “las mujeres tenemos derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo”. Dicen que para poder emitir juicios válidos sobre las cosas hay que conocerlas. Por suerte, lo que en Sociales no falta es información.

Es verdad; las mujeres tenemos, efectivamente, el derecho inalienable de elegir qué hacemos con nuestro cuerpo. Lo que tal vez estamos olvidando es que, en realidad, el concepto del embarazo implica que no es sólo el propio cuerpo el que está ahí. Es el cuerpo de alguien más. Si no, no sería embarazo, sería otra cosa. La discusión termina siendo, en el fondo, una pregunta: ¿qué es eso que se gesta en el interior de la panza de la madre? Y es difícil llegar a un acuerdo porque, muy a pesar de mis amigos positivistas, la respuesta pasa exclusivamente por una creencia. Y no hablo de la Iglesia sino de un concepto más general de creencia. Para usted, querido lector, ¿el niño por nacer es una persona? Tal vez para algunos no lo sea tanto. Suena duro, pero no creo estar exagerando. Porque si promoviéramos la despenalización del aborto y estuviéramos tan convencidos de que los niños por nacer son tan personas como nosotros, entonces estaríamos a favor del homicidio. Y no, ¡no sea radical!, permitir el aborto no es lo mismo que permitir el homicidio. Son cosas diferentes.

¿Son diferentes?

Cuando pensamos una sociedad mejor, me gusta creer que pensamos en grande, no en el mal menor. “De todas formas van a abortar, así que despenalicémoslo”. De todas formas la gente roba, así que legalicemos el robo. Legalicemos el odio y el racismo. Legalicemos la corrupción. Si la gente lo hace igual.  Es verdad que, de la mano del aborto, hay una red casi infinita de problemas que hay que solucionar de manera urgente. Pero no elijamos el mal menor. Pensemos en grande.

Lo que debilita un poco a los argumentos pro-vida es la incoherencia que hay en muchos movimientos. La agresividad, el desconocimiento de muchas realidades dolorosas. Entonces hay que empezar a ser coherentes. Trabajemos como país para cuidar la vida de todos, la vida en todas sus expresiones. Una sociedad que no cuida la vida no puede ser llamada progresista.

martes, 27 de septiembre de 2011

Entre copas

Un vaso y se sienta. Mira. Nada cambió demasiado desde la última vez, ¿o sí? ¿Es este lado el que está diferente o es aquél? Imposible decidirse.
Dos vasos. El sol está justo sobre el horizonte y se pregunta si amanece o anochece. Espía a través del vidrio. Parece que el sol saliera.
Al vaso siguiente ya se acabó la ilusión de que el cielo esté despejado. Empieza a nublarse, pero tal vez pronto se haga de día, piensa. Tiene una manía fuerte de pensar y pensar. Piensa y decide sobre todo. A veces también siente. Siente de manera tan intensa que no lo puede controlar. Entonces se toma el analgésico del pensamiento y se le va el sentimiento por un rato.
Cuatro vasos y se acabó el efecto del analgésico. Si antes había preguntas, ahora el cielo es un mar de voces que interrogan sin parar. Y el mar se funde hacia arriba, con las voces y hacia abajo, con las viejas lágrimas que casi, casi habían desaparecido. Es como una cortina inmensa y azul.
Toma el quinto vaso y la calle empieza a moverse en sentido contrario al tren de la izquierda. ¿Avanza el tren o la calle? De golpe, descubre que a sus costados hay árboles que también se deslizan. ¿Junto con el tren? Le molesta la sombra y corre en busca del sol, que ya se escondió detrás del horizonte. Anochecía, entonces.
Un vaso más. Le ruega a la calle, o al tren -o a lo que sea que se está moviendo- que se detenga. Le ruega al cielo que deje que las luces y los colores intensos permanezcan por un rato más. Sabe que mostró demasiado pero ¿qué si, en realidad, no es a su verdadero yo al que se acostumbró el mundo?
“Mundo, no te vayas" piensa. El sol está cansado de ponerse ante los ojos que no están hechos de atardecer. La Tierra está cansada de girar sobre su eje, tiene ganas de volar como un cometa. La lluvia ya no quiere caer más... prefiere elevarse, ¿por qué no? Pero él espera que el mundo no se le escape todavía. Necesita mucho del mundo y el mundo necesita mucho de él, aunque no lo sabe.
Y llega el último vaso. Se desviste, despojándose de toda su ropa y de su cuerpo y deja que la luna, que empieza a asomarse, brille sobre su alma. Su alma está lista para mostrarse tal como es al mundo. ¿El mundo está listo para postergar su partida?

domingo, 25 de septiembre de 2011

Cómo ser feliz en tres pasos

Hoy: cómo ser feliz una noche de sábado si está sólo en su casa

1) Sacar una buena cantidad de milanesas de la heladera
2) Llenarlas de salsa barbacoa y comérselas
3) Tocar la guitarra y cantar a los gritos (y escuchar cómo su voz retumba en las paredes de la casa).

Satisfacción garantizada. Si no le resulta, le devolvemos sus minutos de silencio en una casa enorme... y sola... un sábado a la noche... 

sábado, 24 de septiembre de 2011

Cosa de locos

Es como ser delantero en un partido de fútbol y, deliberadamente, meter gol en contra.
Es como tener sed y comerte un paquete entero de papas fritas.
Es como estar en un jardín lleno de mosquitos y tirar el Off a la basura.
Es como estar aturdido y poner música al máximo volumen.
Es como querer saltar al otro lado de la pared de Brunildito y quedarte donde estás y seguir haciéndole piecito a la gente para que salte nomás.

Qué locas son las relaciones entre las mentes de las personas, lo que sienten y lo que eventualmente hacen. Una cosa de locos. Por el bien de la humanidad. Esperemos que todo sea por el bien de la humanidad. 

jueves, 22 de septiembre de 2011

Deducciones primaverales

La proporción de estudiantes que viajan en tren todas las mañanas desde Bella Vista directo a la facultad es  mínima. Lo confirmó Sherlock ayer, cuando tuvo que viajar parado y luego apretado cual sardina en el subte, a pesar de que hubiera asueto en todos los colegios y universidades. Además, ir a tocar la guitarra y a tomar mate (si no otras bebidas un poco más censurables) en Avenida Francia (no confundir con Plaza Francia, esto es para entendidos del pueblo) está dentro de los cánones de comportamiento primaveral. Lo que claramente no lo está tanto es hacer rondas en trencito y bailar "en ti puedo ver la libertad, tú me haces sentir que puedo volar", pintarse flores y corazones en la cara y que un hombre gane el premio de rey de la primavera por su atuendo tan acorde. Es verdad que el amor florece en primavera cual rosa roja (¿por qué le ponen "rosa", si hay de todos colores?), hay una persona que debería sentir un guiño o una puñalada en la nuca si lee esto. Y la última no es una deducción. Es una confirmación. Los ritos son necesarios y están buenísimos; si no, vengan a pedirnos que dejemos de festejar la primavera como hace seis años la venimos festejando.

Seis. Nos pusimos viejas. 

sábado, 17 de septiembre de 2011

Que casi asusta...

La intensidad es como una colchoneta elástica sobre la que podés saltar infinitas veces, cada vez un poco más alto, y más, y más. Lo que asusta es que, tal vez, un día saltes tan alto que ya no bajes nunca. 

"Hay un nivel de intensidad con el que se puede vivir que casi asusta, porque es mucho, infinito lo que el hombre puede alcanzar" (JM)


jueves, 15 de septiembre de 2011

Hablando de lunas

No puedo escucharte, y cómo me gustaría, pero ese no es el objetivo de estas líneas. Mi objetivo es pedirte que al menos siga habiendo un Centro de Regulación de Palabras Devaluadas, porque es una pena que la gente ande diciendo por ahí que la luna es la misma para todos como si nada, como si pidieran la cuenta en un restaurant o gritaran ¡taxi! en una vereda una tarde de lluvia. Todos miramos la misma luna, qué lindo, no es una sola la palabra que perdió valor, son cinco, y es tan triste... 

Hoy cuando viajaba en tren la vi a través de la ventana, redonda, naranja y enorme, y lo supe sin que nadie lo dijera: que, en ese instante, a miles de kilómetros, un chiquito miraba la luna también. Un chiquito de piernas flacas y ojos grandes, con la camisa y la boca levemente abiertas, en un campo enorme. No me digas que no porque no me lo imaginé, sé muy bien que ahí estaba él, y todo sin que nadie hubiera dicho nada de que la luna...

Y entendí que nuestros mundos a veces están rodeados como de cápsulas de cristal que nos vuelven, en algún punto, inaccesibles y que dentro de esas cápsulas la vida pasa como si nada le importara, en algunas deja globos, en algunas nieva, en otras caen gotas de pintura. Hay mundos que sufren porque no tienen alguien que los acompañe. Hay mundos que lloran porque sus manos curtidas no llegan a darles de comer. 

Pero todos miramos la luna enorme y naranja y sentimos cómo su belleza toca algo dentro nuestro que hace sonar una música... Y nos conmueve. A ese chiquito en el campo, a mí, a todo el que la mira. Por favor, no usen más la expresión "todos miramos la misma luna", a ver si algún día podemos entenderlo de verdad. 

lunes, 12 de septiembre de 2011

Nuevas aventuras de Brunildito

HOY: La afección de Brunildito

Ya sé que todos esperan que Brunildito salte al otro lado de la pared. Él también lo sabe y también muere por saltar. Se fue a Europa y pensó que tal vez iba a poder liberarse del problema, pero no, parece que en Europa está lleno de paredes y todas le hacían acordar a la suya, a esa que tiene ganas de cruzar, de tirar abajo, para poder nadar en los ríos que hay al otro lado. Europa volvió al tema aún más urgente. Brunildito, es hora de que saltes o desistas o hagas algo, pero no podés quedarte mirando el país que se extiende al otro lado de esa pared, solo mirándolo y mirándolo hasta el fin del tiempo, porque tus ojos como burbujas van a explotar y, junto con ellos, todo tu cuerpo, y a nosotros nos gustan las burbujitas en el aire pero, de verdad, preferimos que saltes.

Lo que pasa es que a Brunildito le agarró una afección. Enfermedad suena muy fuerte. Es eso, una afección, pero una terrible, porque hace que Brunildito actúe de la forma exactamente opuesta a sus deseos. ¿Cómo funciona eso? Simple. Bah, en realidad, es lo más retorcido que escuché en mi vida, pero es simple de explicar. Por ejemplo, Brunildito está asqueado de tomar jugo de naranja. ¿Qué hace? Va, exprime una naranja y se toma el jugo. Brunildito está andando en bicicleta y tiene ganas de frenar a descansar pero su afección se lo impide y, en lugar de eso, se pone a pedalear a máxima velocidad. Es terrible, usted puede reírse, querido lector, pero llevada a otros planos de la vida, es una afección desesperante. 

¿Y qué hay respecto a la pared? Brunildito quiere cruzar la pared, eso ya es verdad de perogrullo. ¿Qué hace? Se baja, vuelve a su vida de todos los días y mira la pared desde abajo y les hace piecito a los peatones para que puedan treparse y saltar al otro lado. ¡Piecito! ¡Piecito! Podría haberse quedado tranquilo, meditando para tomar fuerzas, pero no, encima de que no salta, tiene que ayudar a otras personas a que sí lo hagan, y naden en los ríos que él se muere por nadar, y caminen por el pasto que él se muere por pisar... Sólo si tuviera el valor... de saltar la maldita... LA MALDITA PARED.

Maldita afección que tiene Brunildito. 

sábado, 10 de septiembre de 2011

Curiosidades alemanas

-Un alemán puede levantarse de su asiento en el tren, ir a charlar con otro pasajero y volver a sentarse; por derecho, el asiento sigue siendo suyo (pruébelo en la línea San Martín a ver qué pasa)
-El chukrut no se llama chukrut, se llama sauerkraut
-La gente no es muy fanática de tirarse en el pasto
-Las puertas se abren al revés
-Los teclados alemanes tienen la Y y la Z invertidas

viernes, 2 de septiembre de 2011

Vuelta

Está bueno revivir cosas de unos años atrás. Vuelven a mostrarnos quiénes somos. Nos llenan de una energía que conocemos, pero que habíamos olvidado. Hay música que me trae de nuevo épocas. Con The Wall, por ejemplo, reviven muchas cosas de hace cuatro o cinco años. No digo que vuelva atrás en el tiempo, no, es más bien el pasado que viene y suena en el presente y eso es lo mágico... Que las cosas-en-potencia naden en lo-que-es-hoy, ver proyectos realizados y otras veces ver que el camino se bifurcó y llevó a un lugar que nunca se me hubiera ocurrido. Que suene la música de todo lo que había por crecer en medio de todo lo que efectivamente crecí. Y también la música de todo lo que sigue igual. Es como tejer con tres hebras: lo que fue, lo que quería que fuera, lo que es. Sí, es, en cierta forma, magia. Acá va un pedacito de todo eso que no se puede describir.


I got a little black book with my poems in,
got a bag with a toothbrush and a comb in,
when I'm a good dog they sometimes throw me a bone in.
I got elastic bands keeping my shoes on,
got those swollen hand blues,
I got thirteen channels of shit on the TV to choose from.
I got electric light
and I got second sight,
I got amazing powers of observation
and that is how I know
when I try to get through
on the telephone to you,
there'll be nobody home.
I got the obligatory Hendrix perm
and the inevitable pinhole burns
all down the front of my favourite satin shirt.
I got nicotine stains on my fingers,
I got a silver spoon on a chain,
I got a grand piano to prop up my mortal remains.
I got wild staring eyes
and I got a strong urge to fly,
but I got nowhere to fly to.
Ooh, babe, when I pick up the phone,
there's still nobody home.
I got a pair of gohills boots,
but I got fading roots.

martes, 30 de agosto de 2011

Genealogía culinaria

La sabiduría popular representa a los cavernícolas como gente bastante tonta, que se daba en la cabeza con pedazos de tronco, que para hablar emitía sonidos animalescos y golpeaba una roca contra otra como toda diversión. No sé, cada vez pienso más lo opuesto. Los primeros hombres deben haber sido personas de mente muy abierta, tremendamente inteligentes (disculpen la cacofonía), con todo por conocer y descubrir. Es muy fácil para nosotros hacer una pizza, nos sentimos muy innovadores si ponemos rúcula o huevos de codorniz sobre la mozzarella, somos los avanzados de la civilización, pero mi pregunta existencial siempre fue: ¿cómo se descubrió la pizza? Es un misterio que me vuelve bastante loca, no me imagino a los cavernícolas inventando la pizza, pero bueno, alguien hace mucho tiempo la tiene que haber inventado, un griego, qué se yo, ¿y de dónde cuerno sacó que mezclando harina con huevo con agua con un hongo que es la levadura -y no sé qué más porque no soy muy buena cocinera -salía una masa, que si le ponías queso encima y salsa de tomate y cebollita quedaba un plato que iba a pasar a la posteridad como EL plato? Y vamos más lejos, porque la historia de la pizza probablemente pueda rastrearse en Wikipedia, qué avanzada es nuestra generación, cualquier dato puede encontrarse con sólo tipear un par de caracteres y dar enter, pero ¿a quién se le ocurrió que, moliendo el trigo, sale un polvito que, si se mezcla con agua, sal, huevo y encima se pone al horno, da como resultado pan -o pizza-? Tenía que ser un genio, no queda otra. Vaya y pase la carne asada, que seguramente se descubrió cuando una vaca se cayó en un fogón y los cavernícolas valientes -porque esos sí que eran hombres valientes; probaban todo, se la jugaban, no como nosotros que siempre preguntamos qué es cada cosa antes de comerla- la probaron y se dieron cuenta de lo bueno que estaba cocinar la carne... Esos descubrimientos pueden ser casuales, pero andá a hornear pan por casualidad... 

Aguanten los cavernícolas.

Y agradezco sinceramente cualquier dato de historia culinaria. Es algo que me intriga mucho. 

sábado, 27 de agosto de 2011

Eclipse lunar

Es veintiuno de diciembre. Empieza mi verano número veinte y desde el jardín se ve un eclipse lunar. Miro el cielo y me viene a la mente la imagen de una chiquita que, hace diez años, sobre una reposera en otro jardín, esperaba en camisón el momento en que la sombra cubriera la luna. Nunca había visto un eclipse. Creía que iba a ser más rápido, que, de pronto, la luna se iba a poner roja, que algo sobrenatural iba a pasar en el cielo… No había nadie en el jardín salvo ella, no eran horas para que estuviera despierta en una noche cualquiera. Pero no era cualquier noche: era la noche del eclipse.

Hoy, diez años después, vuelvo a mirar el cielo y la luna, por supuesto, está en el mismo lugar, pero la miro desde otro ángulo -un poco más de frente -,desde otro jardín, y el eclipse es más gris y menos rojo. “Tenía miedo de no ver nunca más la luna” me dijo una amiga hace un rato. Pienso en esa chiquita en camisón y siento una nostalgia que hace mucho no sentía… Últimamente estuve sintiendo muchas nostalgias, pero de cosas más cercanas, que hace unos meses nomás estaban a mi alcance con sólo estirar el brazo o levantar el tubo del teléfono. Esta es una nostalgia distinta. Es como si esa chiquita nunca me hubiera pertenecido; como si sólo cierta vez ella hubiera usado mi camisón y se hubiera sentado de la misma manera que yo, con sus piernas flaquitas flexionadas y los pies apoyados sobre la reposera y los brazos sobre el apoyabrazos, y la mirada hundida en la luna, a la que un velo extraño cubría de a poco. Una nostalgia parecida a aquella que produce lo que nunca fue; aunque esto sí fue, ella sí estuvo sentada, sí miró el cielo y respiró el silencio de aquella noche de verano, tan parecida a esta noche. 

Me da miedo hablarle y romper el encantamiento. Prefiero dejarla como está, expectante. Ya va a descubrir que los sueños no son sólo cosas de su edad, ya va a desilusionarse y a tejer nuevas historias, ya va a enamorarse de unos cuantos contraindicados y también del indicado… Ya va a palpar de cerca la muerte y hundirse en el misterio de la tristeza del hombre. 

Mientras tanto, que mire su eclipse y yo miro el mío…. quién sabe dónde me encontrará el próximo y si voy a ser yo o voy a ser otra. 

lunes, 22 de agosto de 2011

Un aeropuerto

Mientras viajaba en avión la otra noche, pensaba que el Cielo debe ser algo así como un aeropuerto. Bajás del avión, hacés unos trámites, levantás tus valijas, todo eso que traés de tu viaje en la tierra, salís por una puerta y te reciben todas las personas que querés con aplausos, te abrazan, te dan la bienvenida. Empiezan a preguntarte cómo estuvo el vuelo, cómo estuvo el mundo en general, qué personas conociste, por qué lugares caminaste, cuántas cosas nuevas aprendiste. Los abrazás uno por uno y les decís que te dejen acomodarte, que hay tiempo para contarles todo detalladamente. Y, más allá del aeropuerto, espera el lugar más lindo que existe. Ponele el nombre que quieras. Toscana, Bariloche, Bella Vista, una playa desierta en una isla del Caribe, la cima del Everest. 

Sí, debe ser así. El Cielo debe ser un aeropuerto.