jueves, 22 de septiembre de 2011

Deducciones primaverales

La proporción de estudiantes que viajan en tren todas las mañanas desde Bella Vista directo a la facultad es  mínima. Lo confirmó Sherlock ayer, cuando tuvo que viajar parado y luego apretado cual sardina en el subte, a pesar de que hubiera asueto en todos los colegios y universidades. Además, ir a tocar la guitarra y a tomar mate (si no otras bebidas un poco más censurables) en Avenida Francia (no confundir con Plaza Francia, esto es para entendidos del pueblo) está dentro de los cánones de comportamiento primaveral. Lo que claramente no lo está tanto es hacer rondas en trencito y bailar "en ti puedo ver la libertad, tú me haces sentir que puedo volar", pintarse flores y corazones en la cara y que un hombre gane el premio de rey de la primavera por su atuendo tan acorde. Es verdad que el amor florece en primavera cual rosa roja (¿por qué le ponen "rosa", si hay de todos colores?), hay una persona que debería sentir un guiño o una puñalada en la nuca si lee esto. Y la última no es una deducción. Es una confirmación. Los ritos son necesarios y están buenísimos; si no, vengan a pedirnos que dejemos de festejar la primavera como hace seis años la venimos festejando.

Seis. Nos pusimos viejas. 

sábado, 17 de septiembre de 2011

Que casi asusta...

La intensidad es como una colchoneta elástica sobre la que podés saltar infinitas veces, cada vez un poco más alto, y más, y más. Lo que asusta es que, tal vez, un día saltes tan alto que ya no bajes nunca. 

"Hay un nivel de intensidad con el que se puede vivir que casi asusta, porque es mucho, infinito lo que el hombre puede alcanzar" (JM)


jueves, 15 de septiembre de 2011

Hablando de lunas

No puedo escucharte, y cómo me gustaría, pero ese no es el objetivo de estas líneas. Mi objetivo es pedirte que al menos siga habiendo un Centro de Regulación de Palabras Devaluadas, porque es una pena que la gente ande diciendo por ahí que la luna es la misma para todos como si nada, como si pidieran la cuenta en un restaurant o gritaran ¡taxi! en una vereda una tarde de lluvia. Todos miramos la misma luna, qué lindo, no es una sola la palabra que perdió valor, son cinco, y es tan triste... 

Hoy cuando viajaba en tren la vi a través de la ventana, redonda, naranja y enorme, y lo supe sin que nadie lo dijera: que, en ese instante, a miles de kilómetros, un chiquito miraba la luna también. Un chiquito de piernas flacas y ojos grandes, con la camisa y la boca levemente abiertas, en un campo enorme. No me digas que no porque no me lo imaginé, sé muy bien que ahí estaba él, y todo sin que nadie hubiera dicho nada de que la luna...

Y entendí que nuestros mundos a veces están rodeados como de cápsulas de cristal que nos vuelven, en algún punto, inaccesibles y que dentro de esas cápsulas la vida pasa como si nada le importara, en algunas deja globos, en algunas nieva, en otras caen gotas de pintura. Hay mundos que sufren porque no tienen alguien que los acompañe. Hay mundos que lloran porque sus manos curtidas no llegan a darles de comer. 

Pero todos miramos la luna enorme y naranja y sentimos cómo su belleza toca algo dentro nuestro que hace sonar una música... Y nos conmueve. A ese chiquito en el campo, a mí, a todo el que la mira. Por favor, no usen más la expresión "todos miramos la misma luna", a ver si algún día podemos entenderlo de verdad. 

lunes, 12 de septiembre de 2011

Nuevas aventuras de Brunildito

HOY: La afección de Brunildito

Ya sé que todos esperan que Brunildito salte al otro lado de la pared. Él también lo sabe y también muere por saltar. Se fue a Europa y pensó que tal vez iba a poder liberarse del problema, pero no, parece que en Europa está lleno de paredes y todas le hacían acordar a la suya, a esa que tiene ganas de cruzar, de tirar abajo, para poder nadar en los ríos que hay al otro lado. Europa volvió al tema aún más urgente. Brunildito, es hora de que saltes o desistas o hagas algo, pero no podés quedarte mirando el país que se extiende al otro lado de esa pared, solo mirándolo y mirándolo hasta el fin del tiempo, porque tus ojos como burbujas van a explotar y, junto con ellos, todo tu cuerpo, y a nosotros nos gustan las burbujitas en el aire pero, de verdad, preferimos que saltes.

Lo que pasa es que a Brunildito le agarró una afección. Enfermedad suena muy fuerte. Es eso, una afección, pero una terrible, porque hace que Brunildito actúe de la forma exactamente opuesta a sus deseos. ¿Cómo funciona eso? Simple. Bah, en realidad, es lo más retorcido que escuché en mi vida, pero es simple de explicar. Por ejemplo, Brunildito está asqueado de tomar jugo de naranja. ¿Qué hace? Va, exprime una naranja y se toma el jugo. Brunildito está andando en bicicleta y tiene ganas de frenar a descansar pero su afección se lo impide y, en lugar de eso, se pone a pedalear a máxima velocidad. Es terrible, usted puede reírse, querido lector, pero llevada a otros planos de la vida, es una afección desesperante. 

¿Y qué hay respecto a la pared? Brunildito quiere cruzar la pared, eso ya es verdad de perogrullo. ¿Qué hace? Se baja, vuelve a su vida de todos los días y mira la pared desde abajo y les hace piecito a los peatones para que puedan treparse y saltar al otro lado. ¡Piecito! ¡Piecito! Podría haberse quedado tranquilo, meditando para tomar fuerzas, pero no, encima de que no salta, tiene que ayudar a otras personas a que sí lo hagan, y naden en los ríos que él se muere por nadar, y caminen por el pasto que él se muere por pisar... Sólo si tuviera el valor... de saltar la maldita... LA MALDITA PARED.

Maldita afección que tiene Brunildito. 

sábado, 10 de septiembre de 2011

Curiosidades alemanas

-Un alemán puede levantarse de su asiento en el tren, ir a charlar con otro pasajero y volver a sentarse; por derecho, el asiento sigue siendo suyo (pruébelo en la línea San Martín a ver qué pasa)
-El chukrut no se llama chukrut, se llama sauerkraut
-La gente no es muy fanática de tirarse en el pasto
-Las puertas se abren al revés
-Los teclados alemanes tienen la Y y la Z invertidas

viernes, 2 de septiembre de 2011

Vuelta

Está bueno revivir cosas de unos años atrás. Vuelven a mostrarnos quiénes somos. Nos llenan de una energía que conocemos, pero que habíamos olvidado. Hay música que me trae de nuevo épocas. Con The Wall, por ejemplo, reviven muchas cosas de hace cuatro o cinco años. No digo que vuelva atrás en el tiempo, no, es más bien el pasado que viene y suena en el presente y eso es lo mágico... Que las cosas-en-potencia naden en lo-que-es-hoy, ver proyectos realizados y otras veces ver que el camino se bifurcó y llevó a un lugar que nunca se me hubiera ocurrido. Que suene la música de todo lo que había por crecer en medio de todo lo que efectivamente crecí. Y también la música de todo lo que sigue igual. Es como tejer con tres hebras: lo que fue, lo que quería que fuera, lo que es. Sí, es, en cierta forma, magia. Acá va un pedacito de todo eso que no se puede describir.


I got a little black book with my poems in,
got a bag with a toothbrush and a comb in,
when I'm a good dog they sometimes throw me a bone in.
I got elastic bands keeping my shoes on,
got those swollen hand blues,
I got thirteen channels of shit on the TV to choose from.
I got electric light
and I got second sight,
I got amazing powers of observation
and that is how I know
when I try to get through
on the telephone to you,
there'll be nobody home.
I got the obligatory Hendrix perm
and the inevitable pinhole burns
all down the front of my favourite satin shirt.
I got nicotine stains on my fingers,
I got a silver spoon on a chain,
I got a grand piano to prop up my mortal remains.
I got wild staring eyes
and I got a strong urge to fly,
but I got nowhere to fly to.
Ooh, babe, when I pick up the phone,
there's still nobody home.
I got a pair of gohills boots,
but I got fading roots.

martes, 30 de agosto de 2011

Genealogía culinaria

La sabiduría popular representa a los cavernícolas como gente bastante tonta, que se daba en la cabeza con pedazos de tronco, que para hablar emitía sonidos animalescos y golpeaba una roca contra otra como toda diversión. No sé, cada vez pienso más lo opuesto. Los primeros hombres deben haber sido personas de mente muy abierta, tremendamente inteligentes (disculpen la cacofonía), con todo por conocer y descubrir. Es muy fácil para nosotros hacer una pizza, nos sentimos muy innovadores si ponemos rúcula o huevos de codorniz sobre la mozzarella, somos los avanzados de la civilización, pero mi pregunta existencial siempre fue: ¿cómo se descubrió la pizza? Es un misterio que me vuelve bastante loca, no me imagino a los cavernícolas inventando la pizza, pero bueno, alguien hace mucho tiempo la tiene que haber inventado, un griego, qué se yo, ¿y de dónde cuerno sacó que mezclando harina con huevo con agua con un hongo que es la levadura -y no sé qué más porque no soy muy buena cocinera -salía una masa, que si le ponías queso encima y salsa de tomate y cebollita quedaba un plato que iba a pasar a la posteridad como EL plato? Y vamos más lejos, porque la historia de la pizza probablemente pueda rastrearse en Wikipedia, qué avanzada es nuestra generación, cualquier dato puede encontrarse con sólo tipear un par de caracteres y dar enter, pero ¿a quién se le ocurrió que, moliendo el trigo, sale un polvito que, si se mezcla con agua, sal, huevo y encima se pone al horno, da como resultado pan -o pizza-? Tenía que ser un genio, no queda otra. Vaya y pase la carne asada, que seguramente se descubrió cuando una vaca se cayó en un fogón y los cavernícolas valientes -porque esos sí que eran hombres valientes; probaban todo, se la jugaban, no como nosotros que siempre preguntamos qué es cada cosa antes de comerla- la probaron y se dieron cuenta de lo bueno que estaba cocinar la carne... Esos descubrimientos pueden ser casuales, pero andá a hornear pan por casualidad... 

Aguanten los cavernícolas.

Y agradezco sinceramente cualquier dato de historia culinaria. Es algo que me intriga mucho. 

sábado, 27 de agosto de 2011

Eclipse lunar

Es veintiuno de diciembre. Empieza mi verano número veinte y desde el jardín se ve un eclipse lunar. Miro el cielo y me viene a la mente la imagen de una chiquita que, hace diez años, sobre una reposera en otro jardín, esperaba en camisón el momento en que la sombra cubriera la luna. Nunca había visto un eclipse. Creía que iba a ser más rápido, que, de pronto, la luna se iba a poner roja, que algo sobrenatural iba a pasar en el cielo… No había nadie en el jardín salvo ella, no eran horas para que estuviera despierta en una noche cualquiera. Pero no era cualquier noche: era la noche del eclipse.

Hoy, diez años después, vuelvo a mirar el cielo y la luna, por supuesto, está en el mismo lugar, pero la miro desde otro ángulo -un poco más de frente -,desde otro jardín, y el eclipse es más gris y menos rojo. “Tenía miedo de no ver nunca más la luna” me dijo una amiga hace un rato. Pienso en esa chiquita en camisón y siento una nostalgia que hace mucho no sentía… Últimamente estuve sintiendo muchas nostalgias, pero de cosas más cercanas, que hace unos meses nomás estaban a mi alcance con sólo estirar el brazo o levantar el tubo del teléfono. Esta es una nostalgia distinta. Es como si esa chiquita nunca me hubiera pertenecido; como si sólo cierta vez ella hubiera usado mi camisón y se hubiera sentado de la misma manera que yo, con sus piernas flaquitas flexionadas y los pies apoyados sobre la reposera y los brazos sobre el apoyabrazos, y la mirada hundida en la luna, a la que un velo extraño cubría de a poco. Una nostalgia parecida a aquella que produce lo que nunca fue; aunque esto sí fue, ella sí estuvo sentada, sí miró el cielo y respiró el silencio de aquella noche de verano, tan parecida a esta noche. 

Me da miedo hablarle y romper el encantamiento. Prefiero dejarla como está, expectante. Ya va a descubrir que los sueños no son sólo cosas de su edad, ya va a desilusionarse y a tejer nuevas historias, ya va a enamorarse de unos cuantos contraindicados y también del indicado… Ya va a palpar de cerca la muerte y hundirse en el misterio de la tristeza del hombre. 

Mientras tanto, que mire su eclipse y yo miro el mío…. quién sabe dónde me encontrará el próximo y si voy a ser yo o voy a ser otra. 

lunes, 22 de agosto de 2011

Un aeropuerto

Mientras viajaba en avión la otra noche, pensaba que el Cielo debe ser algo así como un aeropuerto. Bajás del avión, hacés unos trámites, levantás tus valijas, todo eso que traés de tu viaje en la tierra, salís por una puerta y te reciben todas las personas que querés con aplausos, te abrazan, te dan la bienvenida. Empiezan a preguntarte cómo estuvo el vuelo, cómo estuvo el mundo en general, qué personas conociste, por qué lugares caminaste, cuántas cosas nuevas aprendiste. Los abrazás uno por uno y les decís que te dejen acomodarte, que hay tiempo para contarles todo detalladamente. Y, más allá del aeropuerto, espera el lugar más lindo que existe. Ponele el nombre que quieras. Toscana, Bariloche, Bella Vista, una playa desierta en una isla del Caribe, la cima del Everest. 

Sí, debe ser así. El Cielo debe ser un aeropuerto. 

jueves, 21 de julio de 2011

Futuras aventuras de Brunildito

HOY: Brunildito se va a Europa

Brunildito se acomoda en un hueco entre un pijama y un neceser de flores naranjas y rosas. Ve cómo la valija se torna cada vez más oscura. La tapa termina de caer sobre su cabeza. Escucha el zuuuup de cierre. Ya no ve nada más. Apoya su cabeza sobre un par de medias y piensa que su vida es como una pileta llena de cosas grandes. Obstáculos, sacudones, impulsos y cosquillas. Cosas alegres, cosas tristes, angustiosas o emocionantes. Pero siempre grandes. Siempre intensas, imposibles de pasar desapercibidas.

Con esto último en la cabeza, se queda dormido. Próximo destino: Frankfurt am Main. Viernes 22 de julio. 2011.

PD: La pared de Brunildito entra en la valija. No crean que ya se libró de ese problema. No tan rápido.

viernes, 15 de julio de 2011

Asteroide 325

"-Quisiera ver una puesta de sol... Hacedme el gusto... Ordenad al sol que se ponga...
-Si le ordenase al general que volara de una flor a otra como una mariposa, o que escribiera una tragedia, o que se transformara en ave marina, y el general no ejecutara la orden, ¿quién estaría en falta? ¿Él o yo?
-Vos -dijo el principito con firmeza. 
-Exacto. A cada cual hay que exigirle lo que puede dar. La autoridad descansa antes que nada en la razón. Si le ordenas a tu pueblo que se eche al mar, hará la revolución. Yo tengo derecho a exigir obediencia porque mis órdenes son razonables. 
-¿Y mi puesta de sol, entonces?
-Tendrás tu puesta de sol. Yo la exigiré. Pero, según mi ciencia de gobernante, esperaré a que se den las condiciones propicias". 

Antoine de Saint-Exupéry, El Principito

Todavía me pregunto si el rey era un buen gobernante o un mediocre. Sus palabras son sabias, pero el sol iba a ponerse, lo ordenara el rey o no. Igual, hoy me inclino más por el buen gobernante. A cada cual hay que exigirle lo que puede dar. La autoridad descansa antes que nada en la razón. Si le ordenas a tu pueblo que se eche al mar, hará la revolución.

jueves, 14 de julio de 2011

Igual o mejor

"Dejá el lugar igual o mejor de lo que lo encontraste. Las Latinoamericanas Unidas". Cartel que pegamos el verano pasado en un camping en Santa Teresa, Uruguay. 

Es una buena enseñanza. Dejar el lugar igual o mejor que como lo encontramos. Podés intentar dejarlo igual y ser de esas personas que cumplen las normas, que hacen las cosas como corresponde. No está mal. Podés también ser de los idealistas que sueñan con dejar cada lugar que pisan mejor que lo que estaba. Salvo, claro, que no haya nada por mejorar. Pero es difícil, ¿no? 

Dejar cada lugar que pises igual o mejor que como estaba. Un camping. Un aula. Una casa. Un cuarto. Una institución. Una familia. Un municipio. Un país. El mundo.

En la entrada de cada lugar (incluso en la entrada a esta vida), debería haber un cartel como este: 

"Señor: a usted se le dio el privilegio de poder estar hoy aquí. El lugar no es perfecto, entendemos que hay muchas cosas por cambiar. Puede tomar dos actitudes:
A) Si ensucia, limpie, si rompe, arregle, si se confunde, corrija. Cualquier persona, no decimos mediocre, porque suena despectivo, digamos común, puede hacer esto. 
B) Pero también puede jugársela un poco más e imprimir su huella positiva en este lugar. Puede parecerse a aquel anciano que plantaba palmeras de dátiles. Se acercó su vecino y le preguntó qué hacía plantando palmeras cuyos frutos nunca iba a llegar a ver. Y el anciano le respondió que gracias a otro soñador, que había plantado alguna vez dátiles sin poder disfrutar de ellos, él había podido alimentarse. Ahora era el turno de sembrar para que otros pudieran disfrutarlos mañana.

Esperamos que disfrute su estadía en este mundo".

lunes, 11 de julio de 2011

Where art thou?

Casi te toco en los hilos del aire.
Casi te toco y, a la vez, faltás.

La inconsistencia lógica es refutable en ciertos casos. O ciertos casos no encuadran en la lógica.

sábado, 9 de julio de 2011

La nube

Es como una nube. Sí, eso. Una nube que siempre está ahí, pero sólo ciertas veces podés participar de ella, volar, envolverte en su llovizna. Es difícil encontrar un método para participar de la nube... Pasa, así, sin demasiada regla o explicación lógica. Cuesta hasta ponerle nombre. Cuando está pasando, ahí decís: esto, es esto... pero es difícil anticiparlo. ¿Qué es lo que dicen que hacen las leyes científicas? ¿Explican y predicen? Esto claramente no responde, entonces, a una ley científica. Tal vez, después de varias experiencias de la nube, podés encontrar una suerte de momentos que dejan, más que otros, lugar para elevarse. En esa nube está todo. Póngale el nombre que quiera, pero ahí está todo. Con cierta música, por ejemplo, uno se llena de la nube, o la nube se llena de uno, pero la nube no es sólo esa música: es música, es tu abrazo callado hace tanto tiempo, es el paisaje visto desde la cima de una montaña una vez y nunca más, es un millón de rezos, es una lágrima. 

Podés olvidarte de que está hasta que vuelva a incomodarte todo adentro, hasta que sientas una mezcla de paz con inquietud y claridad, hasta que se te escape una lágrima y sientas que una lágrima es demasiado poco, porque todo un mundo dentro tuyo quiere salir, te grita, sale a volar y te lleva y entonces vas a volver a decir: 
-Ah. La nube. 

viernes, 1 de julio de 2011

Campaña ALOHA 2011

En Argentina deberíamos tener un "aloha" como el de los hawaiianos, que signifique "hola" y "chau" a la vez. Sería muy útil, por ejemplo, para saludar a la gente que te cruzás a las corridas en la calle... Nunca sabés si decir "hola" o "chau"; con "aloha", estaría todo solucionado. 

ALOHA 2011